Diario de campo · Habitabilidad
Una mirada concreta a los primeros siete días de monitoreo de humedad y temperatura en una vivienda de Zapopan: qué medimos, qué encontramos y qué decisiones tomamos a partir de los datos.
Publicado el 12 de marzo de 2025 · Lectura de 6 minutos
La primera semana de medición no busca conclusiones definitivas, sino establecer una línea base. Colocamos dos sensores de temperatura y humedad relativa en puntos opuestos de la casa: uno en la recámara principal y otro en el pasillo que conecta con la cocina. La intención era entender cómo se comporta el ambiente durante el día y la noche, y si las rutinas de la familia —cocinar, bañarse, ventilar— dejaban una huella medible.
El resultado más claro fue la diferencia entre habitaciones. Mientras el pasillo se mantenía entre 45% y 55% de humedad relativa, la recámara superaba el 65% durante la madrugada, justo cuando las ventanas permanecían cerradas y el cuerpo libera vapor de agua al respirar. No es un dato alarmante, pero sí explica por qué esa habitación tenía un olor ligeramente denso al despertar.
La decisión práctica fue ajustar la rutina de ventilación: abrir la ventana de la recámara quince minutos antes de dormir y dejar la puerta entreabierta durante la noche. También redujimos el uso del extractor de baño a la mitad, porque al estar conectado al mismo ducto que la recámara, generaba una presión negativa que jalaba aire húmedo hacia el interior.
No todo fue sencillo. El sensor del pasillo registró picos de humedad después de cocinar, pero también una caída brusca cuando se encendía el aire acondicionado de la sala. Ese contraste nos obligó a reconsiderar qué fuente de humedad era realmente relevante y cuál era solo un efecto temporal. La respuesta, al final, fue más simple de lo esperado: la ducha matutina y el secado de ropa en el tendedero interior.
La semana cerró con dos acciones concretas: mover el tendedero al patio trasero durante las horas de sol y programar el extractor de baño para que funcione veinte minutos después de cada ducha. Cambios menores, pero que ya se notan en las lecturas de la mañana siguiente.